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| P. José Francisco el día de su Profesión religiosa, con sus padres y su hermano Marcos. |
Todo le iba de bien a mejor, cuando, a causa de una crisis
muy prolongada, se quedó del todo en la ruina. Viendo entonces lo
inseguro que era todo lo terreno, buscó su seguridad en Dios, a quien se
entregó cada vez más del todo hasta el final de su vida.
Al verse arruinado, acudió a mí para que le ayudara a
encontrar trabajo, lo que no era fácil de conseguir, por la edad que tenía y
por los hijos que tenía. Él me manifestó que le gustaría trabajar de camillero
en algún hospital o sanatorio, pues así, al tiempo que trabajaba, podía atender
con amor a los pacientes. (Ya estaba convertido), pero el trabajo que le
encontré fue en la fábrica Embotelladora de Pepsi Cola de Madrid a través de un
dirigido espiritual mío que tenía gran amistad con el dueño de la fábrica
Embotelladora de Pepsi Cola.
En el orden material le ayudé a él y a su familia todo lo que
pude, pero en el orden espiritual fui yo quien recibió la ayuda de él, con lo
que me pagó con creces lo que con tanto amor había hecho por él y por los
suyos, pues a él le debo la conversión de la vida mundana que yo llevaba por
aquel entonces.
Mi conversión se debió a que, viendo y viendo yo la vida tan
santa que él llevaba después de su conversión y lo poco entregada al Señor que
ara la mía por aquel entonces, siendo yo religioso y él seglar, me hizo
reflexionar y fue así como el Señor me concedió también a mí el don de la
conversión, con la diferencia de que Víctor, a partir de su conversión, se entregó
del todo al Señor y cada vez de más a más, y la mía siempre dejó mucho que
desear.
Este es el primer hecho al parecer milagroso atribuido a
Víctor de los que hasta ahora se conocen, ya que ocurrió, no sólo en vida de
Víctor, sino más de cuarenta años antes de su muerte, y como tal lo relato.
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